Camboya, la experiencia de pasear en el cielo.

Llevo postergando escribir esta entrada más tiempo del que debería creo que por no querer dar por cerrada esta maravillosa aventura de noventa días de viaje, pero han llegado los tiempos y es momento de escribir de las maravillas que conocimos en Camboya.

Te preparo, es un post largo. Espero que no sea tan difícil de leer, para que agarres valor te dejo el enlace de nuestro video corto en la página de facebook, síguenos:

A lo largo del viaje habíamos tenido un constante pensamiento que conforme pasaban los días iba tomando más fuerza.

PLAYA

En nuestra particular odisea habíamos pasado por nieve, lluvia, ciudades, pueblos, montañas y algo que nos vendría muy bien para cerrar era la playa. Hicimos varios acercamientos al tema y Sandy descubrió que Camboya tiene unas excelentes playas por lo que decidimos que aquel país sería nuestro destino playero; más específicamente las cercanías de Sihanoukville, con esto en mente y con la idea fija de que también queríamos conocer Angkor Wat, ya teníamos los dos destinos marcados en el país y un camino que recorrer desde Ho Chi Minh.

Con nuestra experiencia en transportes intentamos hace todo lo posible por no volver a utilizar un autobús en estos países y nos avocamos a la búsqueda de vuelos Low Cost. En E-dreams encontramos un vuelo con un precio no tan descabellado en una aerolínea que hasta ese momento desconocíamos llamada Cambodia Angkor Air, para nuestra mala fortuna el desplegado de E-dreams no era muy claro, y a pesar de haber leído que incluía una maleta, no nos enteramos que se refería a la maleta de mano hasta que fue demasiado tarde, solo teníamos derecho a subir 8 kilos cada quien y nuestras maletas pesaban 15, con lo que tuvimos que pagar equipaje extra, y yo tuve que viajar como chilango en semana santa a Acapulco  con una elegante pieza de equipaje de mano en forma de bolsa negra de plástico llena de ropa sucia para bajar el precio de nuestro despiste.

El puro pinche estilo, ¡joder!

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Llegando a Sihanoukville.

Ya habíamos leído que estas playas estaban tomando mayor fuerza en los últimos años y que el turismo había comenzado a llegar de manera más masiva que antes, sin compararse con Tailandia o el Caribe, así que estábamos mentalizados a no encontrar un lugar virgen, pero sí una buena playa para descansar. En esta parte de Camboya, además de las playas de Sihanoukville encontramos que hay una serie de islas que tienen menor fama y con ello menor flujo turístico, como esto es justamente lo que queríamos, decidimos quedarnos la mayor parte del tiempo en una de estas islas.

Nuestro primer acercamiento con Camboya fue el aeropuerto, cuando Sandy se acercó a sacar dinero del ATM se dio cuenta que la divisa que manejaba el cajero eran dólares americanos, esa fue la primera alerta y el precio de los taxis que nos llevarían a tomar el ferry para nuestra isla la segunda y más dolorosa: veinte dólares. Después de venir de los precios de tuk tuks en Vietnam, Laos y Myanmar que te den esa cifra te hace sentir un golpe en el hígado, y nuestra resistencia nos llevo a salir en busca de algún otro medio de transporte no tan caro, pero no, esta vez no hubo de otra más que compartir el taxi con un brasileño para bajar un poco el precio y pararnos en la agencia de boletos de ferry que le daba comisión al taxista para que el gasto no nos supiera a derrota.

En fin, ya con los boletos de Ferry en la mano nos acercamos a desayunar y buscar alojamiento para las siguientes noches en la isla Koh Rong Saloem, la oferta hotelera era grande, pero los precios no eran precisamente bajos, así que después de mucho buscar nos encontramos con unas cabañas que además de un precio accesible, tenían vista al mar, una cascada natural y playa a unos pasos.

Koh Rong Saloem

Una hora después de haber embarcado en el ferry estábamos acercándonos a la orilla de de la playa donde nuestro hotel nos esperaba… si bien, cuando tocamos tierra estábamos justo del otro lado de la larga playa, tres kilómetros nos separaban del hotel, y en estas circunstancias solo se puede hacer una cosa, caminar. 

Caminamos en el paraíso.

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Habíamos llegado a un lugar cuya visualización en Google street fue documentada en lancha (si no me crees búscala), no hay caminos, no hay grandes hoteles, no hay mucho ruido, el color de la arena es blanco y el mar está tan tranquilo que puedes pensar que te encuentras en una alberca natural de agua templada. Esa caminata lejos de ser un castigo fue un premio a nuestra perseverancia en este viaje, nuestras grandes mochilas parecían haber perdido su peso.

Llegamos a nuestra cabaña que cumplió cabalmente con su palabra y nos ofreció cobijo los siguientes días en los que simplemente descansamos y disfrutamos de aquel tranquilo lugar alejado del ajetreo diario. El único contra, los precios en USD estaban mucho más altos que lo que habíamos acostumbrado en nuestros últimos días, pero fuera de eso, nos enamoramos de esa isla cubierta por una espesa jungla con arena blanca en algunas partes, anaranjada en otra y café claro en el lado donde se ocultaba el sol.

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Los días pasaron rápidamente como la vida cuando se disfruta, una de las grandes experiencias que viví en esta aventura de noventa días la pasamos en la isla cuando fuimos a ver el plancton bioluminiscente. El paseo se trata básicamente de salir a mar y lanzarte al agua donde está el plancton que se ilumina con el movimiento… dicho así suena bastante aburrido. La experiencia de estar en mar abierto, en medio de la noche, con una oscuridad total y que cada movimiento de tu cuerpo sea iluminado enfrente a tus ojos es algo indescriptible. Miraba bajo el mar agitando mis brazos y piernas y veía como si una galaxia estrellada se moviera a mi antojo. Cuando salía a la superficie y miraba al cielo veía las estrellas que brillaban también allá arriba y por un momento me sentí en medio del infinito, flotando en estrellas… la constelación de Christian. Hasta que claro, de pronto un pensamiento me asaltaba recordándome que estaba en medio de mar abierto en completa oscuridad y la realidad volvía como un chasquido a mi cabeza buscando el bote y esperando que no me hubiera alejado demasiado.

En nuestra lancha estábamos dos australianas, Sandy y yo. Las dos chicas estuvieron un par de minutos y volvieron a la lancha, nosotros nos quedamos casi media hora, hasta que mi cansancio no me dejó continuar, una vez arriba, las chicas nos comentaron que han visto tantas cosas en sus playas que prefirieron salir cuanto antes del agua a pesar de lo hermoso del momento. No voy a negar que en algunos momentos el miedo se apoderó de mí, pero era tal mi asombro que no me podía permitir salir del mar rápidamente.

Por lo pronto, estaba completo y satisfecho de haber visto algo así de impresionante.

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Abandonar aquel lugar hubiera sido mucho más difícil si no supiéramos a donde nos dirigíamos. Uno de nuestros grandes deseos de conocer en este viaje estaba en Siem Reap y para llegar a aquella ciudad encontramos un vuelo Low Cost (que revisamos diez veces e incluía una maleta de 21 kilos por cada quien) en una aerolínea relativamente nueva y super cómoda llamada JC airlines. Altamente recomendable relación calidad/precio.

SIEM REAP (Siem Riep, ក្រុងសៀមរាប)

Siem Riep es una ciudad relativamente moderna que se encuentra localizada a tan solo ocho kilómetros de la zona de Angkor, que sirvió como capital al imperio entre el siglo nueve y el siglo quince de nuestra época.

El lugar que encontró Sandy en Booking, incluía servicio de free pickup,  así que alegremente al salir del aeropuerto encontramos a un sonriente hombre que sostenía una hoja blanca con el nombre de San en la mano. Sopheak nos llevó en su tuk-tuk hasta nuestro hotel y nos sorprendió hablando un muy decente español cuando se enteró que eramos mexicanos y antes de dejarnos en nuestro hotel nos atacó con una pregunta.

¿Qué vamos a hacer mañana?

Después de explicarnos cómo es la logística del lugar, detallarnos los precios y realizar negociaciones decidimos que Sopheak sería nuestro chófer a partir de ese momento y todo el tiempo que nos quedaríamos en aquella ciudad.

Para comenzar. ¿Cuánto cuesta la entrada a la zona arqueológica de Angkor?

La principal desventaja de este lugar es que pare visitar las ruinas arqueológicas tienes que hacer un fuerte desembolso, dependiendo la cantidad de días que quieras estar en la zona.

1 día $37 USD            2-3 días $62 USD           7 días $72 USD

Se supone que la recomendación es realizar la visita en dos posibles circuitos, que en un alarde de originalidad son llamados como el “largo” y el “corto”, uno de 18 km y el otro de 26 (adivinen cuál es cuál), en cada uno se incluyen ciertos templos, pero al final de cuentas nosotros hicimos un desmadre de acuerdo a lo que fuimos queriendo ver con el gran y paciente apoyo de Sopheak.

Si quieres hacer el intento por saltarte las entradas adelante, pero de acuerdo a lo que ví es prácticamente imposible hacerlo, los boletos son personalizados y cuentan con fotografía, así que la opción de pedirle a alguien que va saliendo la suya tampoco funciona, lo único que puedes hacer es cerrar los ojos, abrir la billetera y disfrutar el paseo.

Nos quedaban tres días en el complejo contando con el que estábamos, así que lo primero que pedimos a Sopheak fue que nos llevara a comprar los boletos y como nos quedaban unas horas de luz nos llevara directamente a Angkor Wat, al buen paso darle prisa.

Cuando llegamos a Angkor Wat una emoción se invadió de mí, cuando muchos años de tu vida sueñas con conocer algo y por fin lo tienes enfrente se mezclan las sensaciones y los sentimientos. El gran templo hinduista dedicado a Vishnú estaba ahí inmenso, glorioso, imponente.

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Visitamos este lugar conforme iba cayendo la tarde. Angkor Wat fue diseñado para representar la morada de los dioses, el monte Meru que según la religión hindú es donde viven más de 33 millones de Dioses. Si bien, el monte no es real, este templo es un digno hogar para tantas deidades.

El atardecer llegó mientras estábamos aqui y el juego de sombras hacía el lugar aún más mágico.

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Afuera del templo hay dos pequeños lagos cuyos reflejos hacen que te quieras sentar a contemplar la vista eternamente.

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Recorrimos cada esquina del  maravilloso templo, lo visitamos también a la siguiente mañana para ver el amanecer, vale la pena completamente levantarse en la madrugada para que tus ojos y el lente de tu cámara capturen una imagen que jamás perecerá..

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BAYON

El siguiente día de nuestro viaje comenzamos con la visita al templo Bayon que se encuentra en el área demarcada como Angkor Thom, a un par de kilómetros de Angkor Wat.

Este templo fue originalmente construido desde la fe budista. Si eres de esas personas que sienten que son observadas todo el tiempo, este lugar te hará muy feliz, ya que su construcción cuenta con doscientos rostros de Lokesvara (representando la compasión del Buda) dispuestos a mirarte donde quiera que estés. Si bien, este templo no es tan famoso, ni grande como Angkor Wat (que es escandalosamente grande), debo decir que me impresionó muchísimo,  es de esos lugares que te hacen saber la capacidad del ser humano cuando se dispone a crear algo hermoso.

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Llevábamos casi tres meses viendo el rostro de Buda por todos lados, parecía que este templo sabía que estábamos a punto de partir y juntaba todos esos rostros para recordarnos que el viaje más importante es el que hacen los seres humanos siendo mejores para poder acceder al estado de iluminación.

En los siguientes dos días visitamos doce templos, en los cuales pudimos ver cómo la naturaleza va retomando lo que es suyo, los últimos vestigios de un imperio que quiso tener el cielo en la Tierra y en un sentido lo logró, porque quedamos impresionados, satisfechos y muy felices de haber visitado todo.

Nuestro paseo bajo el asfixiante sol Camboyano y sus temperaturas arriba de los cuarenta grados nos llevó a  ver los siguientes templos:

Phrea khan
Neak Pean
Ta Som
East Mebon
Pre Rup
Bakong
Pream Ko
Ta kheo
Ta Prohm
Banteay Srei
Thommanon
Chau Say Tevoda

 

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No me hubiera saltado ninguno, todos dejaron en mi algo distinto.

Al fin del tercer día nuestro tiempo en Camboya se acabó, nos teníamos que ir, el vuelo que saldría desde Tokio en unos días nos esperaba. Nos despedimos de la ciudad cuya frase en inglés más repetida es “HELLO TUK-TUK” y en el que los lugareños adoptaron  la muy mala broma gringa de decir “Angkor Whaaaaat?” y también nos despedimos de Sopheak deseándonos mutuo bienestar y lo mejor para las siguientes vidas.

Cuando el camino parezca demasiado corto al mirar lo que has dejado atrás y demasiado largo cuando busques tu destino, siéntate en la sombra a escuchar tu respiración hasta que sepas hacia donde dirigirte.

Chris.

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