Bagan. La ciudad de los cuatro mil templos.

Llegamos a la estación de trenes de Yangon para comprar un espacio en el tren nocturno que nos llevaría a Bagan. Sin saber muy bien donde dirigirnos, un buen samaritano nos dirigió a una ventanilla donde hablaban inglés, para nuestra buena suerte había lugar en el tren que salía a las 4 PM (nos pidió que llegáramos a las 3, no vaya a ser que se nos vaya el tren), nos escribió a mano el boleto que por unos 220 pesos mexicanos cada uno nos daba acceso a una cabina con 4 “literas” y baño, donde pasaríamos las siguientes (ilusamente pensamos que 17) 19 horas.

Teníamos tiempo para comer, asi que encontramos un lugar con comida india bastante bueno, donde estuvimos frescos hasta que fue hora de acercarnos a la estación.

Al llegar estuvimos esperando y esperando al tren que terminó llegando a las cinco de la tarde, dos horas después. Nos dirigimos a nuestra cabina donde todos muy atentos querían llevarte a cambio de una propina. Por fin, subimos y vimos lo que posiblemente sea la cabina más lúgubre de la historia, parecería que esos trenes no habían sido limpiados o tenido algún tipo de mantenimiento desde la muerte de Buda. Las ventanas, no funcionaban, así que había dos posibilidades de acomodarlas, persianas de madera arriba, persianas de madera abajo. ¿Cristal?, ¿Qué es eso?

No me hago el que nací en cuna de oro, la verdad disfrutamos bastante las vistas de las vías llenas de basura durante cuatro horas, el problema es que persiana cerrada significaba aumentar la temperatura de la cabina unos cuatro grados centígrados y eso no se puede permitir de día en Myanmar cuando hay más de 35 grados.

Los asientos de este convoy que seguramente fue un tren japonés de lujo del siglo antepasado se configuraban con dos literas superiores y dos asientos dobles que se podían hacer cama en la parte de abajo con lo que podían ir cuatro pasajeros cómodamente en cada cabina. Claro eso en el siglo antepasado. En la litera superior había tanto polvo que de verdad parecía puesto ahí a propósito y nos habían dejado cuatro sábanas que jamás me atrevería a poner en luz negra, pero bueno, era con lo que contábamos. El baño era cuento aparte, un lujoso asiento “western style” que en la parte inferior, en vez de tubería tenía un hoyo, por donde tus desechos biológicos caían directamente en las vías del tren. ¡Que elegancia la de Francia!

En un alarde de genialidad Sandy logro construir lo que medianamente parecía una cama con los asientos de abajo y yo me aguante el asco y estire las sábanas en una de las literas superiores. Conforme la noche iba cayendo y ya era posible cerrar las persianas fuimos desalojando las libélulas y los moscos de nuestra lujosa habitación móvil.

Dormir con el ruido del tren y el movimiento constante que causaban unas vías que parecían inexistentes fue bastante difícil, además de vez en vez el tren se detenía completamente y se escuchaban voces de personas, no sabemos que hacían porque nuestras persianas estaban cerradas y las puertas también, pero parecía como si estuvieran usando herramientas metálicas y casi siempre a los casi veinte minutos comenzaba nos de nuevo a avanzar. Creo que la velocidad promedio del viaje fue de 32 km/h, pero debo admitir que fue una experiencia irrepetible que siempre contaré cómo uno de mis cumpleaños más divertidos, en ese tren cumplí 35 añotes, no lo cambiaría.

Un amigo me dijo una vez que en esta vida tienes que pagar por todo, en un sentido figurado las mejores cosas cuestan más caras. Bagan nos costó ese tren de 19 horas, y lo valió completamente .

Bagan.

El atardecer en Bagan es una de las cosas más espectaculares que mis ojos han tenido oportunidad de ver. Parece que por un momento estás en otro planeta salido de la imaginación de un novelista de ciencia ficción, ese sol no es mi sol, ese aire no es mi aire, ese cielo es otro cielo.

Bagan fue la antigua capital del imperio Birmano y vio su apogeo a partir del año 1040 y hasta el siglo XIV, en ese periodo se construyeron más de cuatro mil templos en 41 km cuadrados, de los cuales casi la mitad permanece de pie aunque no en un muy buen estado.

Llegamos a la estación de trenes donde una familia local se ofreció a llevarnos por 8000 kyats (unos 110 pesos por los dos), la ventaja es que gracias a esto no pasamos el control de pago por la entrada a la zona arqueológica de Bagan que hacen pagar a cada turista y que al parecer no utilizan en beneficio de la zona y nuestro dinero se fue directo al bolsillo de un lugareño. Después de llegar a un acuerdo con el conductor nos subimos a una camioneta donde una niña curiosa nos ofreció la primera real sonrisa de Myanmar de esas de las que los blogueros hablan y de las que pensé que habíamos llegado demasiado tarde para conocerlas.

Unos veinte minutos de juegos después llegamos a nuestro hotel que estaba en el viejo Bagan. La zona arqueológica se puede atacar desde viejo Bagan, nuevo Bagan y Nyaung U, la única diferencia además de los precios es que en viejo Bagan no hay ciudad, solo templos, hoteles, y algunas casas con comedor repartidas, mientras que nuevo Bagan y Nyaung U son pequeños pueblos a las afueras de la zona de templos, pero como la idea es perderse en la búsqueda de más templos en mi opinión es igual donde te quedes siempre y cuando tengas acceso a una bici o moto que es lo más sencillo del mundo.

El día de la llegada estábamos molidos por el camino en tren así que nos quedamos en el hotel para recuperarnos y estar listos a la siguiente mañana.

Al despertar alquilamos una bici y nos fuimos a perder por los templos. A los que me conocen saben que no soy muy buen conductor de bici, pues aprendí a andar en nuestra luna de miel cuando estábamos en Tailandia y desde esa vez he montado otras seis a lo mucho, así que siempre que estamos en un lugar así es un reto para mi, sin embargo creo que superé la prueba con solo una caída en todo el recorrido, una cicatriz en mi rodilla para recordar este viaje.

Comenzamos a recorrer la carretera y el entorno era impresionante, templos, templos, templos, mires donde mires hay templos.

Este templo tiene un Buda enorme, este otro uno reclinado, éste parece una pirámide, éste una catedral, éste es el mejor para ver el atardecer, el recorrido no tenía fin, no dejábamos de sorprendernos conforme íbamos avanzando, todo lo que habíamos visto en internet se quedaba pequeño con lo majestuoso del lugar. Estuvimos los siguientes dos días andando en bici bajo temperaturas de locura pero encantados con este lugar maravillosos.

Entre templo y templo pasamos por una casa donde vivían unos novicios que estaban tocando percusiones con una guitarra, al vernos se acercaron curiosos y me extendieron el instrumento, aproveché para darles una afinadita, aunque con mi oído probablemente no se las dejé muy bien, y para cantarles una canción que muy entusiastamente escucharon. Me regalaron un muy sincero aplauso antes de continuar por el camino.

Tuvimos la oportunidad de ver el atardecer en dos distintos lugares, y ambos fueron indescriptibles, como consejo personal cuando estén en Bagan no vayan buscando famosos templos, simplemente déjense llevar por el camino y disfrutarán muchísimo de todo lo que este increíble lugar tiene que ofrecer. No sé cuantos templos vimos, pero fueron muchos, y en cada uno tienes que descalzarse, esto bajo el sol, puede provocar quemaduras en los pies y el hecho de que tienes que descalzarse pero hay muchos templos extremadamente sucios produce quemaduras en la paciencia. Nunca como en ese país me la pasé tanto tiempo descalzo.

El mejor regalo de cumpleaños

Como tengo la mejor esposa del mundo, lo mejor estaba por llegar, una sorpresiva vista del amanecer en globo sobre la ciudad de los templos, un recuerdo que vivirá en mi memoria para siempre. Definitivamente el mejor regalo de cumpleaños de la historia de la mejor esposa que puedo imaginar.

A las cinco de la mañana nos llevaron a un campo abierto donde un piloto inglés nos dió las explicaciones de seguridad del globo y unas cien veces nos dijo que no salgamos del globo hasta que él lo indique. El vuelo comenzó junto a la salida del sol entre los templos y con un poco de bruma, estuvimos cuarenta y cinco minutos admirando desde las alturas Bagan. Sus templos desde el cielo son aún más impresionantes, sólo que desde arriba la nostalgia de pensar como era ese lugar en su apogeo me invadió. Saber que la UNESCO no dará el reconocimiento de patrimonio de la humanidad debido a las negligencias del gobierno me deja pensando cuánta gente se perderá este hermoso lugar, del que hace un año ignoraba su existencia y que podría poner en las 7 maravillas poco conocidas del mundo junto a Akshardham en India o el templo Tōdai-ji en Japón, entre otras.

El vuelo se mantuvo en lo sublime todo lo que duró y en mi mente vivirá por siempre el día que ví desde el cielo salir el sol a iluminar gentilmente aquellos templos orgullosos de su pasado contemplativos de su presente y temerosos por su futuro.

Cuando bajamos del globo sabíamos que no importaría que hiciéramos, ya nada iba a superar esa experiencia, de esas veces que no es necesario hablar, nos quedamos toda la tarde disfrutando el hotel y descansando de la paliza de las muchas horas de bici bajo treintaymuchos grados (y con treintaymuchos años, aunque Sandy estaba como si nada) que habíamos tenido los dos días anteriores, hasta nadamos un poquito en la alberca para refrescarnos, dudando como habíamos podido estar los días anteriores bajo ese espantoso sol.

Ya estábamos listos, ya habíamos visto lo que queríamos y mi sensación de plenitud era abrumadora.

Llegaba el momento de las siguientes dos paradas en Myanmar: Mandalay y lago Inle en la próxima entrega del blog.

Chris

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