Yangon, la bienvenida al país de los pies descalzos.

Myanmar es uno de esos países donde en cuanto aterrizas sabes que hay una gran historia que contar, pero no te queda claro por dónde empezar.

Hace un año no sabía nada de este país y hoy estamos aquí inmersos en su día a día, acalorados, descalzos y maravillados.

Myanmar se llamaba Birmania hasta 1988 y es un país al que no ha sido fácil seguirle la pista los últimos cincuenta años. Hace frontera con Laos, Bangladesh, India y Tailandia, las mujeres y niños usan un extracto de árbol llamado thanakha en la cara para proteger su piel que al contacto es bastante refrescante y como peculiaridad los hombres usan al igual que las mujeres unas cómodas faldas llamadas longy.

Habiamos leído que el poco acceso turístico que ha tenido el lugar durante muchos años lo dotaba de un encanto particular y que su gente era la más cordial y auténtica del sureste asiático. Teníamos muchas ganas de conocer este país.

Con el día a día del viaje habíamos dejado la tramitación de la Visa para Myanmar de lado y en el crucero de Halong Bay estábamos intentando realizar los trámites con una conexión a internet bastante limitada, pero eso le dió un toque de emoción. Aparentemente por lo leído en varias experiencias blogueras no puedes fiarte de la información que encuentras en internet ya que los constantes cambios en las políticas del país hacen que la información se vuelva rápidamente obsoleta. A nosotros en marzo de 2018 nos tardó un día en llegar la aceptación de E- VISA y pudimos ver qué también hay Visa on arrival.

La llegada.

El aeropuerto de entrada de nuestro viaje está en la ciudad de Yangon, prácticamente solo puedes entrar al país via aérea por esta ciudad o por Mandalay. Llegamos a un país al que tiene medio huso horario de diferencia con Vietnam (así es, medio huso porque pueden) y salimos del aeropuerto en búsqueda del autobús público que según nos habíamos informado nos llevaría bastante cerca de nuestro hotel por 400 kyats por ambos, algo así como cinco pesos mexicanos. Un poco más de un kilómetro después estábamos esperando el autobús y esperando y esperando… hasta que un buen samaritano nos dijo que ya no pasaría por la hora… Esto, a las ocho de la noche, una hora después de haber llegado a la parada del autobús, tuvimos que pagar un taxi que nos costó 8000 kyats y nos dejó en la puerta del hotel. De camino vimos a distancia la pagoda Shwedagon, al ser de noche la iluminación la hacía lucir impresionante, no podía esperar por verla más de cerca.

Ya habíamos llegado a Myanmar, de noche salimos a buscar cena y alistarnos para el siguiente día, nuestro hotel estaba bastante mejor de lo que nos esperábamos.

El recorrido matutino lo hicimos a pie basándonos en un mapa, y pasamos primero por la pagoda Sule.

El camino a Buda comienza por ser humano.

Llegamos a pie a la pagoda Sule, por le camino pudimos comprobar que la ciudad es bastante caótica, sus calles llenas de comerciantes y coches hacen que el camino se torne más entretenido.

El primer acercamiento con una pagoda en Myanmar nos dejó el conocimiento de dos cosas constantes para todo el viaje:

1. Te vas a tener que quedar a pies desnudos muchas más veces de las que quisieras.

2. La mayoría de los birmanos que conozcas cerca de un lugar turístico te van a ver con cara de dólares buscando sacar una tajada.

La pagoda Sule fue construida hace más de 2500 años, según la leyenda en este lugar se encuentran reliquias de cuatro Budas, lo cual la hace un lugar muy visitado por los birmanos, el nombre de la pagoda es heredado de un antiguo espíritu que según tradiciones vivía en este sitio.

Para entrar a una pagoda en Myanmar es necesario descalzarse completamente, así hicimos y entramos a la pagoda Sule, donde un monje se nos acercó. En nuestra experiencia en Asia habíamos visto a los monjes como un tipo de súperhumanos que meditan y están más cerca de la iluminación que nosotros, pero aquí, este buen hombre, vino a hablar con nosotros (lo cual para mí fue completamente sorpresivo y emocionante) y nos dió un tour por toda la pagoda, nos explicó algunos rituales de buena suerte ligados a la combinación de astrología y budismo que practican y al finalizar la visita de aproximadamente media hora nos pidió amablemente una donación en cash please que somos muchos en mi monasterio.

Me agarró en curva y sinceramente le “doné” más de lo que me sentiría orgulloso de reconocer, pero ahora lo veo como una inversión, a partir de ese momento los monjes perdieron el estatus de conciencia elevada y privilegiada con el que contaban en mi cabeza y se volvieron un ciudadano más y la experiencia me preparó para verlos fumando, usando enormes smartphones, masticando betel y escupiendo por las calles, en el camino a la iluminación aquí los monjes van bastante alejados de las enseñanzas de Buda.

Dentro nuestra lección guiada, aprendimos que nuestro símbolo es el elefante por haber nacido en miércoles y después de echar agua a Buda pedimos un deseo. Buen viaje en Myanmar.

Pagoda Botahtaung

Salimos de la pagoda Sule camino a la siguiente parada una pagoda hueca a la cual puedes acceder.

Cuando llegamos a nuestro destino previo pago de entrada nos dimos cuenta de que estaban reacondicionado la pagoda, con lo que la vista no era tan espectacular como esperábamos, pero está pagoda es una de las pocas que son nuevas y su ingreso es permitido, supuestamente dentro se encuentra una reliquia del Buda Gautama que por esta zona abundan, así que mucha gente se acerca a orar y pedir favores.

El interior completamente dorado de esta pagoda es impresionante, afuera de ella hay un atrio con varias figuras de Buda donde los lugareños se sientan en busca de sombra y un momento para orar.

Aqui fue la primera vez que vimos las luces que adornan en todo Myanmar a los Budas y que algunas veces te hacen pensar que estas entrando aun bar de Reguetón en vez de un templo budista, pero no soy quien para criticar sus gustos tan llamativos.

Salimos hacia el lago buscando un lugar donde poder comer y el calor era impresionante, encontramos un restaurante con aire acondicionado y aceptablemente limpio, la comida en Myanmar es muy rica pero hay que tener mucho cuidado con el lugar donde comas, la cantidad de extranjeros enfermos que conocimos en el viaje es de verdad increíble, ya que las condiciones salubres son completamente alejadas de lo que estamos acostumbrados.

Una vez que tuvimos la panza llena emprendimos camino buscando un lugar para ver el atardecer cerca del lago Kan Daw Gyi para así aprovechar para visitar el palacio Karaweik que sirve como restaurante/centro de espectáculos.

Cuando llegamos a las orillas del lago tuvimos que pasar (oootra vez) por la charola de recolección de kyats, pero la vista bien valió la pena, nos quedamos en las orillas del lago hasta que estaba completamente oscuro admirando la vista y el increíble palacio y un pequeño templo budista que está al lado del lago.

Después del mágico atardecer nos fuimos camino al hotel, mañana nos quedaba un largo día de frente.

Chaukhtatgyi Buddha

A unos kilómetros de nuestro hotel se encuentra la pagoda Chaukhtatgyi que alberga una imagen de Buda reclinado de casi 66 metros de largo en el interior de un horroroso edificio que dificulta bastante apreciarlo completamente. Una de las cosas inexplicables de este país y que no solo pasa con este Buda es el poco tacto que han tenido las autoridades para lograr armonía en lugares que deberían ser mucho más impactantes si fueran un poco más cuidadosos, pero que nos hacen conformarnos con lo que hay. Al final así esa vida.

El taxi nos dejó en una entrada de la pagoda y por azares del destino le dimos la vuelta al edificio y entramos por otro lugar, nos descalzamos y anduvimos cerca de 10 minutos en medio de casas con la mirada curiosa de los lugareños que saben que nos equivocamos de entrada, pero aún así nuestra meta era ver un poco más de lo que un viajero promedio hace, así que seguimos felices este “camino largo” a ver a nuestro acompañante en el viaje, el buen Buda.

Ir cambiando de país te da la diferente perspectiva que la gente tiene de Buda, a diferencia del caucásico Jesús al que estamos acostumbrados Buda se va adecuando según las características que consideren adecuadas en cada país. Aquí en Myanmar no podía evitar pensar que le habían puesto demasiado maquillaje a mi amigo.

Contemplamos bastante tiempo al Buda y los alrededores de su templo y nos fuimos a lo que parecía ser el lugar más emblemático de Yangon.

Pagoda Shwedagon.

Según la leyenda, dos hermanos comerciantes se encontraron a Gautama cuando ya había alcanzado la iluminación, este personalmente se cortó 8 cabellos y se los dió, por lo cual Thapussa y Bhallika (así se llamaban los hermanos) fueron con el rey y juntos construyeron está pagoda que teóricamente ha visto el tiempo pasar en Yangon y presumiblemente es la estupa más antigua con 2600 años (aunque los aburridos arqueólogos piensen que realmente se erigió en el siglo 6 de nuestra época) y sus 99 metros la convierten en una de las más altas en todo el mundo.

El complejo alrededor de la pagoda es igualmente impresionante y toma aproximadamente dos horas visitar todo el lugar con calma y bajo los rayos del sol. Es sin duda, para mi gusto el lugar que más impresiona en todo Yangon.

Como no te permiten entrar con shorts y consideraron que mis bermudas no eran lo suficientemente largas como para no ofender el sagrado sitio me prestaron un longy y doy fé de que son muy cómodos. Además de que me sentía estúpidamente sensual con la prenda puesta.

Nuestra visita a Yangon casi terminaba y saliendo de la pagoda nos arriesgamos un poco y comimos en la calle, la verdad estuvo además de muy barata, bastante buena.

Nota mental. Llegando a casa a desparasitarnos.

Al siguiente día nos dirigimos a la estación de tren para comprar un boleto para llegar a Bagan. Era mi cumpleaños y pasaríamos unas 17 horas en el tren para aparentemente uno de los lugares más maravillosos que veríamos en este viaje de 90 días, pero eso se detallará en la siguiente entrada.

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